La depresión es una enfermedad episódica que afecta nuestro cerebro y a través de este a todas las aéreas de nuestra vida.  Afecta principalmente a mujeres, siendo más frecuente a partir de los 35 años.  En Chile, el 60% de la población ha consultado alguna vez por esta causa y el 50% ha recibido tratamiento.

Los síntomas más frecuentes, y que para muchos desafortunadamente resultarán conocidos son: dificultades para conciliar o mantener el sueño, ganas de llorar más frecuentemente y sin motivos tan claros, irritabilidad, desgano, tristeza, pérdida del deseo de disfrutar la vida, cambios en el apetito, falta  de energía, aislamiento social.  La presencia de todos o algunos de estos síntomas sugieren que algo está ocurriendo en nuestro cerebro. Con alta probabilidad podría tratarse del inicio o la presencia de un episodio depresivo.

Es importante consultar tempránamente. Existen estudios que señalan que el tratamiento oportuno, integral y completo, es decir, sin interrumpirlo antes de ser dado de alta, prevendrá que en el futuro la persona pueda sufrir nuevos episodios depresivos.

La depresión generalmente se inicia asociada a algún estresor ambiental. Estos estresores son en general situaciones de la vida diaria, sin embargo, la incapacidad de sobreponernos y recobrarnos sin ayuda (como mucha gente sí lo puede hacer) sugiere la presencia de un estado depresivo.

Los artículos sobre la depresión son comunes y pueden ser breves y sencillos o extensos y muy profesionales, sin embargo, hoy queremos hablar de modos sencillos de prevenir los estados depresivos en nuestra vida cotidiana.

Hablar  de prevenir la depresión es hablar de vida saludable. Vida saludable puede referirse a aquello que todos conocemos como sano; hacer de deporte, comer sano, dormir 8 horas, estar al aire libre….  Con frecuencia hablamos de vida sana, pero nos olvidamos de algunas sencillas medidas, desde el punto de vista psicológico, que ayudarían igualmente a prevenir la depresión. Podríamos llamar a esto, vivir asertivamente, y hacerlo es tan importante como vivir saludablemente.

Yo agregaría entonces, a la respuesta conocida, que vivir asertivamente incluye muchas cosas: cultivar la amistad, detenerse un rato a estar solo, trabajar en algo que nos guste, disfrutar el ocio y reconocer el espacio y modo de hacer las cosas de otro, poner límites.

Trabajar si, pero no hasta morir, lo necesario para cumplir con nuestro cometido, respetando también nuestros tiempos y espacios. Trabajar, de manera remunerada o no, es en todo sentido terapéutico.

Saber decir si y no, saber hablar en primera persona, es decir, dar cuenta de qué es lo que yo quiero o no quiero hacer.  Puedo decidir hacer algo que no me guste, como un gesto de generosidad y afecto hacia alguien que aprecio, pero no puedo estar siempre haciendo algo que no quiero hacer.  Es, entonces reconocernos a nosotros mismos, y ser capaces de poner límites.  Explicitar lo que deseo del otro también ayuda. Respetar el modo de hacer las cosas de las demás personas, también es
reconocer los limites propios y de los que conviven con nosotros.

Cultivar la amistad.  Cuantasveces olvidamos saludar a nuestros más queridos amigos para su cumpleaños, frecuentemente dejamos de ver a nuestros amigos de colegio, o del barrio, no cultivamos el afecto y la amistad de personas con las que pasamos largas horas en el trabajo, cuantas veces ignoramos o ni siquiera saludamos a nuestros hijos o parejas.   No somos amables, no sonreímos, nos quejamos continuamente, y besamos poco.  Vivir de manera saludable también incluye ser gentil con el otro, sonreír… hasta reírnos de las situaciones y de nosotros mismos. Practicar la risa ayuda a estar bien en la vida… Besarnos, tocarnos, ayuda a estar bien también.

Ahhh, no quejarnos, que difícil ¿Cuántas veces nos quejamos al día? Si las contáramos, repararíamos en lo que estamos perdiendo de la vida…dejando de ver que si hay cosas buenas, que ni siquiera percibimos.  También nos llevaríamos una sorpresa contando en la noche las cosas buenas que nos pasaron, y que de no mediar el ejercicio, no formarían parte de la toma de conciencia.

Encontrar espacios de gratificación individual.  ¿Cuántas horas pasamos haciendo cosas para los otros, los hijos, el marido, la esposa, los jefes? ¿Qué hacemos para nosotros mismos? Ver un partido, darse una larga ducha, sentarse en una plaza, acostarse un rato a no hacer nada… ni siquiera dormir o leer, sino que a hacer nada… y disfrutarlo.  Así, estar un rato solo, en silencio, también ayuda.  Estamos siempre en el ruido del tráfico, de la radio, del teléfono, de la televisión, del trabajo, que hemos dejado de estar en silencio. El silencio al acostarnos es un buen compañero para una buena noche.

Vivir contactados con pequeñas cosas en la vida, ayudara sin duda a vivir mejor, y si vivimos mejor, podremos prevenir también la depresión.