Las personas que se trasladan a vivir junto al mar mejoran notablemente su salud mental. Las cuestiones psíquicas son las grandes olvidadas de las sociedades modernas, con multitud de diagnósticos de nuevas enfermedades pero alejadas de preocuparse por la neurosis que afecta a la mayoría de la población casi siempre sin tiempo para nada.

El lugar donde vivir puede ser un antídoto contra el estrés y la sensación de agobio continuo que muchos sienten a diario en las grandes ciudades o localidades de interior, según demuestra un estudio de la Universidad de Canterbury, en Nueva Zelanda, publicado recientemente en la revista Health & Place.

Los investigadores cotejaron los resultados extraídos de una encuesta neozelandesa sobre ansiedad y trastornos emocionales con la procedencia geográfica de los encuestados. Se trataba de ver si en algunos puntos del país había más enfermedad mental que en otros.

Y el resultado es concluyente: estar cerca del mar mejora la salud psíquica da igual que sea en una ciudad agrande o en un pequeño pueblo de pescadores. Lo importante es estar junto a la playa. Si escuchas las olas, mejor.

No es solo una cuestión de quietud, influye el mar, pues están más aquejados de problemas mentales los habitantes de villas de interior por más calma que traslade un bosque de pinos.

Los investigadores tienen, de hecho, puesto ya su siguiente reto en estudiar si el efecto balsámico del mar se traslada también a lagos o ríos pues no hay que olvidar que el 75 por ciento de nuestro organismo está compuesto por agua.

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