Muchos síntomas físicos como taquicardia, falta de aire, dolores musculares, articulares, de cabeza, malestar estomacal, cansancio físico o mental, entre otros, pueden esconder estados de depresión o angustia, ante lo cual se suele acudir a un médico clínico o deambular por distintos especialistas haciendo estudios sin dar con el diagnóstico y tratamiento preciso, mientras en otros casos en que se detectan estados depresivos o de ansiedad se tiende a abusar de los ansiolíticos.

Profesionales de Salud Mental advierten sobre estos casos para que desde las distintas especialidades se pueda diagnosticar, orientar la consulta, abordar el tratamiento acorde a lo que le sucede a la persona, o realizar interconsultas, ya que además, muchas veces una enfermedad orgánica, una cirugía o tratamiento puede estar asociado a una depresión o angustia.

Otros malestares como el sentimiento de tristeza, falta de expectativas, desgano, descuido personal o sentir miedos que a veces paralizan, se suman a estos cuadros y si bien son vivencias que mucha gente atraviesa y luego se recupera, otras veces ese sentimiento se instala, se ahonda y se agrava.

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