La sobreexigencia a la que hoy se somete a los niños está empujando a etiquetarlos con trastornos y síndromes que terminan por invisibilizarlos. Se transforman en un diagnóstico y se olvida su singularidad, advierten especialistas extranjeras invitadas por la Clínica Psicológica de la Universidad Diego Portales.

Al respecto, la psicoanalista argentina Gisela Untoiglich señala: “Me convocaron diciéndome que el 70% de los niños que iban a la consulta de salud mental en Chile salía con diagnóstico de TDAH (trastorno de déficit atencional con hiperactividad)”.

“Algo que le ocurre a 70% de quienes consultan ¡No puede ser un diagnóstico de una enfermedad! Las enfermedades no se pueden medir en porcentajes, porque o si no, algo está muy mal. Y no en uno, en 10 o en 100 niños, sino en cómo nos estamos mirando”, dice Untoiglich, codirectora académica del curso de posgrado “Despatologizando diferencias en la clínica y las aulas”, organizado por Forum Infancias y Flacso.

Untoiglich junto a Liora Stavchansky, psicoanalista mexicana experta en infancia y docente en la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México, estuvieron en Chile invitadas por la la Universidad Diego Portales.

Stavchansky cuenta que en su país muchas madres están inscribiendo a sus guaguas en programas de estimulación temprana, porque supuestamente no alcanzan a tiempo los hitos del desarrollo.

Estos fenómenos, señalan las psicólogas, son síntomas de sociedades que están creando exigencias cada vez mayores para los niños.

“Y Chile particularmente está muy atravesado por esta lógica del rendimiento y de la evaluación, que le permite estar bien posicionado en ciertos rankings, pero que también tiene la contracara de tenerlo muy bien posicionado en índices como el de suicidio”, dice Untoiglich. Chile se ubica en el cuarto lugar en suicidio adolescente entre países de la OCDE.

Etiquetando niños

Untoiglich y Stavchansky son autoras de “Infancias: entre espectros y trastornos”, libro donde analizan uno de los resultados más visibles de la presión que vive la infancia.

“Hoy tenemos una infancia atravesada por múltiples etiquetas diagnósticas: niños TEA (trastorno del espectro autista), TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), TGD (trastorno generalizado del desarrollo), TOD (trastorno oposicionista desafiante)”, dice Untoiglich.

Registros del Instituto de Salud Pública consignan que en 2005 se importaron 98.150 kilos de metilfenidato, como Ritalin, Concerta o Aradix, entre otros. En 2016 la cifra llegó a los 441.877 kilos, un alza de 350%.

Según datos de la Superintendencia de Educación, en 2017 se recibieron 331 denuncias relacionadas con déficit atencional. En lo que va de este año se han recibido 117, incluyendo rechazo de la admisión, expulsiones o marginaciones, medidas disciplinarias desproporcionadas y exigencias de medicamentos para ingresar o participar en las actividades educativas.

“Esta es una problemática estructural, en la que interviene la escuela, participan las familias, la medicina y las instituciones de la ciencia. Es un tejido de discursos que van arrojando estas etiquetas”, apunta Stavchansky. En esta búsqueda de que los niños se adapten a cierto funcionamiento social, agrega, se vuelven un diagnóstico y se olvida su singularidad.

Untoiglich subraya: “Nos preocupa muchísimo que se esté banalizando el uso de psicofármacos en la infancia para decirles a los niños que rindan más y mejor en la escuela. Pero no nos preguntamos por las consecuencias de darle un psicofármaco a un niño que está construyendo su subjetividad, que está construyendo su cerebro”.

El llamado de ambas profesionales es a cuestionar.

“Nos estamos conformando con respuestas ya hechas: nos dicen que esto es lo que necesitas, consúmelo y vas a estar bien. Pero pocas veces nos hacemos la pregunta de si eso es realmente lo que necesito”, reflexiona Stavchansky.

Y Untoiglich apunta que “ya estamos avanzando cuando empezamos a hacernos preguntas, a cuestionar y pensar si realmente es tan así. Si realmente puede existir 10% de niños disléxicos, 10% de los niños con TDA o con TDAH…, ¿de verdad tenemos que banalizar el consumo de psicofármacos en la infancia?”.

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