
Mientras que la primera liberación ocurrió en regiones cerebrales asociadas con la recompensa y la percepción sensorial, la liberación post-ingesta involucró a regiones adicionales relacionadas con funciones cognitivas superiores.
En el estudio, publicado en la revista ‘Cell Metabolism’, 12 voluntarios sanos recibieron una sabrosa malteada o una solución sin sabor mientras se registraron los datos a través de PET.
Curiosamente, el antojo o el deseo por la malteada se relacionó proporcionalmente con la cantidad de dopamina liberada en determinadas áreas del cerebro en la primera degustación. Pero cuanto mayor es el deseo, menos dopamina post-ingesta se libera.
Por un lado, la liberación de dopamina refleja nuestro deseo subjetivo de consumir un alimento. Por otro lado, nuestro deseo parece suprimir la liberación de dopamina inducida por el intestino”, argumentó Heiko Backes, líder del grupo de Imágenes Multimodales del Metabolismo Cerebral en el Instituto y coprimer autor en el estudio junto con Sharmili Edwin Thanarajah.
La supresión de la liberación inducida por el intestino podría causar la sobrealimentación de alimentos altamente deseados.
“Continuamos comiendo hasta que se libera suficiente dopamina”, apuntó Backes, pero agregó que esta hipótesis aún no se ha probado en estudios posteriores. Los experimentos anteriores han demostrado la liberación de dopamina inducida por el intestino en roedores, pero esta es la primera vez que se muestra en humanos, según los autores del trabajo.