En el futuro podría ser necesario ejercitar la mente, tal como actualmente las personas van al gimnasio para mantenerse en forma. Esto porque la automatización de las decisiones -debido al desarrollo de la inteligencia artificial- podría convertir a las personas en “mentalmente perezosas”.

El estudio 10 Hot Consumer Trends 2019, realizado por Ericsson entre 5 mil usuarios avanzados de internet en 10 países, preguntó sobre las tendencias a futuro, sobre todo en el marco de la inteligencia artificial.

Los encuestados dieron a entender que se preparan para un mundo altamente tecnologizado donde, por ejemplo, esos sistemas tomarán decisiones por ellos. A un 43% le gustaría que un asistente virtual les dijera cuándo ir al médico y un 57% esperaría que su dispositivo inteligente le advirtiera cuándo está a punto de enfermarse.

“A un sorprendente 54% le gustaría que su reloj inteligente supiera si tiene estrés y se lo hiciera saber antes que se den cuenta”, dice Julio San Martín, vicepresidente de Márketing, Estrategia y Comunicaciones para Ericsson Sudamérica.

 

Los autores del informe acuñaron el término de “obesidad mental” para referirse al creciente fenómeno de dejar que la inteligencia artificial tome decisiones por uno.

De hecho, el 34% de los encuestados cree que olvidará cómo tomar sus propias decisiones debido al uso excesivo de asistentes virtuales.

“La automatización en la toma de decisiones podría verse desde el punto de vista positivo: en vez de ser ‘sedentarias mentales’, las personas podrían ejercitar su cerebro con funciones cognitivas que requieran de mayor creatividad”, dice San Martín.

“Este es un fenómeno que ya estamos viendo cuando Netflix te sugiere una película o con los más avanzados sistemas de conducción autónoma para vehículos. Todo apunta a quitarte la obligación de retener información, lo mismo que pasó con el uso de la calculadora o de las agendas telefónicas digitales hace un tiempo”, dice Alejandro Legazcue, director de Arquitectura Digital e Inteligencia Artificial en la consultora Everis.

Según el especialista, esto permitirá “liberar el cerebro de tareas de menor nivel y concentrarse en funciones creativas, de cultura, de ocio o de generar un pensamiento más abstracto”.

Para Carlos Araos, doctor en Ciencias de la Información y especialista en Ciberpsicología de la U. Adolfo Ibáñez, el futuro es más incierto. Para él, el fenómeno parte con la digitalización y sigue con la inteligencia artificial con la que “se llega a una decisión lógica a partir de esa información digitalizada”.

El tercer fenómeno es la llamada tecnointegración, “que es la aceptación por parte de un individuo de esta vida digital como una vida real. Esto puede producir un cambio cognitivo tremendo cuando, por ejemplo, las personas tecnointegradas no sientan la necesidad de aprender lenguajes nuevos ya que existirá la traducción simultanea por parte de una inteligencia artificial”.

Sin embargo -dice el especialista-, el cerebro busca la homeostasis, es decir, mantener el equilibrio interno. “Al no usar ciertas funciones, el cerebro podría entrar en una fase de desequilibrio y buscará el equilibrio potenciando funciones que no estén tan desarrolladas en la cotidianeidad. Por ejemplo, procesos creativos, nueva articulación de ideas, otras formas de entender lo humano. Así como vamos cuesta dimensionar en qué nos vamos a convertir”, reflexiona.

Ese desequilibrio, a ojos de Araos, no solo podría ser interno, sino también social. “No todos tendrán acceso a la tecnología, no todos serán tecnointegrados. Esto podría llevar a crear roles sociales, o a nuevos conflictos sociales a partir de esta nueva brecha digital”, acota.

La toma de decisiones automatizada será común en el futuro. Las personas dejarán en manos de algoritmos tareas que antes debían decidir según su criterio. Y eso podría acarrear la necesidad de ejercitar ciertas funciones cognitivas para evitar así el olvido.
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