La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

El objetivo de celebrar este día tiene como fin fomentar compromisos y prácticas para prevenir suicidios en el mundo.
Para este año el lema mundial es: “El estigma: una barrera importante para la prevención del suicidio”.
Una gran proporción de las personas que mueren por suicidio sufren de enfermedades mentales. Más del 90 por ciento de los casos de suicidio se asocian con trastornos psiquiátricos, aunque también existen otros factores sociales, económicos y culturales que influyen en este comportamiento.

Otro de los factores que pueden originar un intento de suicidio es la pérdida económica, la pérdida de un ser querido o la falta de apoyo familiar.

Intervenciones eficaces.

Los datos disponibles demuestran de forma contundente que la prevención y el tratamiento adecuados de la depresión y del abuso de alcohol y de sustancias reducen las tasas de suicidio, al igual que el contacto de seguimiento con quienes han intentado suicidarse.

A nivel mundial, la prevención del suicidio es una necesidad que no se ha abordado de forma adecuada debido básicamente a la falta de sensibilización sobre la importancia de ese problema y al tabú que lo rodea e impide que se hable abiertamente de ello. De hecho, solo unos cuantos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades.

Es evidente que la prevención del suicidio requiere también la intervención de sectores distintos del de la salud y exige un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación tanto del sector de la salud como de otros sectores, como por ejemplo los de la educación, el mundo laboral, la policía, la justicia, la religión, el derecho, la política y los medios de comunicación.