
“Esperamos que la declaración sorprenda a todos”, dijo el doctor Benjamin I. Goldstein, del Centro de Ciencias de la Salud de Sunnybrook, Toronto, y presidente de la comisión que redactó el informe.
“Esto es precisamente lo que demuestra la importancia y el impacto potencial que tendrá este documento; incluye una gran cantidad de evidencia subestimada durante mucho tiempo y la coloca en un lugar central”, agregó.
Con sus coautores, Goldstein asegura que la depresión mayor afecta a casi el 9 por ciento de los adolescentes de Estados Unidos. El trastorno bipolar, la cuarta enfermedad mental más discapacitante, afecta al 2,6 por ciento de esa población.
El Instituto Nacional de Salud Mental explica en su sitio online que las personas con depresión mayor tienen síntomas graves persistentes que interfieren con el trabajo, el sueño, el estudio, la alimentación y la calidad de vida. El trastorno bipolar, que no es tan común, altera el estado anímico: la persona convive con estados de depresión y manía.
Los autores de la declaración evaluaron la mejor evidencia publicada del Consejo de Enfermedad Cardiovascular Juvenil de la AHA, informa la agencia noticiosa Reuters.
Aunque los estudios sobre la relación entre estos trastornos anímicos y la enfermedad cardiovascular es limitada, los datos disponibles demuestran que en los adolescentes con depresión mayor y bipolaridad aumentan significativamente los factores de riesgo cardiovasculares, según resultados publicados en la revista “Circulation”.
Esos factores de riesgo incluyen la obesidad, la hipertensión y los valores de colesterol dañinos. El maltrato infantil, los trastornos del sueño, el sedentarismo y el tabaquismo, que son comunes en los adolescentes con depresión y bipolaridad, también elevan el riesgo cardiovascular.
Hasta los tratamientos (antidepresivos y estabilizadores anímicos) provocan un aumento del peso y otros cambios metabólicos que aumentan el riesgo de padecer enfermedad cardíaca, según publican los autores. Esos adolescentes tienen un nivel de riesgo moderado de padecer enfermedad cardíaca temprana.
La prevención debería orientarse a cuidar el peso, la presión, el colesterol y la glucosa en sangre. El primer paso para lograrlo es el manejo intensivo del estilo de vida, una intervención que incluye actividad física, una alimentación saludable y, si es necesario, una dieta para adelgazar.
La doctora Viola Vaccarino, de la Escuela Rollins de Salud Pública de Emory University, Atlanta, y que no participó de la declaración, dijo: “Es tiempo de hacer una separación formal entre la salud mental y la salud física. El estigma de los trastornos mentales sigue siendo generalizado y esto impide reconocer y manejar esos problemas fuera de los centros de salud mental”.
“Pero la enfermedad cardiovascular y la depresión están asociadas; son dos de las causas más importantes de discapacidad en Estados Unidos y (están) creciendo rápido en el resto del mundo”, agregó.