
Después de casi una década investigando este asunto, el psicólogo social Paul Piff llegó a la controvertida conclusión de que ser rico, en lugar de transformar a la gente en benefactor benevolente, en realidad puede ser bastante malo para su fibra moral.
En su laboratorio de psicología, Piff ha llevado a cabo estudios que sugieren que las personas con más dinero son más propensas a ser tramposas en un juego de dados, a comer dulces reservados solo para niños y están menos dispuestos a renunciar a su tiempo para ayudar a otros.
En el pasado, la percepción pública tendía hacia la idea de que la gente muy pobre rompía más las reglas por estar bajo presiones financieras o enfrentar circunstancias difíciles.
Pero el trabajo de Piff sugiere lo contrario: tener más dinero hace que uno se preocupe menos por los otros y se sienta con el derecho a priorizar sus propios intereses.
Desde que Piff publicó su primera serie de resultados en 2010, otros científicos de todo el mundo han estado ocupados tratando de contradecirlos.
Algunos respaldan el trabajo de Piff, pero otros han encontrado lo contrario.
Un estudio realizado en Holanda que utiliza a millonarios de la vida real como participantes, encontró que son más generosos que una persona promedio cuando se tienen una pequeña suma de dinero para conservar o compartir.
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