
Muchos trabajadores autónomos tienen la oficina a escasos cinco metros de su cama: los que van del dormitorio a la mesa del comedor. Trabajar en casa puede ser fantástico, pero también harto complicado.
De la peligrosidad del trabajo autónomo da cuenta un estudio del hospital de Bellvitge (Barcelona):
“El freelance suele ser un gran procrastinador por varias razones: miedo, perfeccionismo, inseguridad o demasiado trabajo acumulado. La procrastinación es un primer paso para desarrollar un trastorno de ansiedad”.
(El verbo procrastinar significa aplazar, diferir, procede del latín procrastinare cuyo significado es dejar un asunto para el día siguiente, portergar. De ahí que se asocie a la pereza, vagancia, etc.)
La guinda de la torta es que el autónomo pasa mucho tiempo solo y apenas tiene vida social. Su contacto con otros seres humanos se limita a veces a contestar correos electrónicos y mensajes de WhatsApp.
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