Cuando el divorcio es inevitable, la intención primordial de los protagonistas es proteger la integridad emocional de sus hijos durante ese periodo, porque sus vidas estarán duramente influenciadas por los muchos cambios a los que se verán expuestos, como no vivir con uno de los padres, tal vez sufrir cambios de casa, de escuela, de situación económica, ver hostilidad o dolor en sus seres más queridos, etc.

Los padres pueden esforzarse mucho para atenuar esta afectación. Existen, sin embargo, factores negativos prácticamente ineludibles que van a conspirar para dificultarles su camino en este trance, y es muy importante tenerlos en cuenta.

Un estudio longitudinal realizado con varios miles de personas desde los siete hasta los 33 años de edad, determinó que aquellas provenientes de un hogar en el que se produjo un divorcio en cualquier momento de dicho periodo, tenían significativamente más probabilidades de sufrir alguna inestabilidad emocional (ansiedad, depresión, obsesiones, intentos suicidas, etc.) que aquellos de hogares estables.

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http://www.eluniverso.com/vida/2016/12/23/nota/5966383/divorcio-salud-mental-hijos