
“La invisibilidad de este segmento de la población femenina es dramática”, dice José Luis Díaz, Psicólogo Clínico en Redgesam y Director de Red de Psicólogos ONG Ceres.
“Si bien el VIH/SIDA es parte del GES, el fenómeno de notificaciones se mantiene en constante crecimiento, lo que conlleva a una saturación de los centros de atención. Es notoria la falta de profesionales, horas de atención, redes de derivación, entre otros; y lo más preocupante, es que no existen profesionales adecuadamente capacitados en el área de la salud que conozcan la realidad de la población en torno a esta temática”, agrega.
– ¿Qué se necesita para apoyar a estas mujeres?
Chile necesita un cambio en las estrategias de prevención de VIH, ya que los números y las personas lo corroboran, pidiendo respuestas efectivas frente al VIH/SIDA. Se requiere mayor innovación, integración, pluralismo, autocrítica, mejor calidad en los procesos, coordinación entre diferentes actores de la sociedad, pero por sobretodo, mayor apertura y humanización en la atención ofrecida en relación a un problema social como es la epidemia del VIH en Chile.
– ¿Cómo ha sido su experiencia en el tratamiento clínico de estas pacientes?
He podido observar que muchas mujeres, recién notificadas, traen una carga afectiva más compleja que solo el papel con el diagnóstico VIH positivo. Depresiones, estrés, trastornos ansiosos y distintos síntomas tanto a nivel personal como relacional, entorpecen y distorsionan las percepciones frente a cómo afrontar lo que conlleva el vivir con el virus.
Desde nuestra experiencia en psicología clínica, constantemente consultan mujeres recién notificadas, completamente desesperadas, llenas de mitos y prejuicios, mal orientadas y buscando un espacio de contención, orientación y escucha.
Santiago es una zona cada vez más afectada. Existen en la Región Metropolitana comunas con las más altas tasas de notificaciones, encabezadas por Santiago Centro, Providencia, San Miguel y Ñuñoa, dificultándose el abordaje, ya que cada año son menos los recursos para abordar el VIH.
– ¿Cuáles serían las medidas a tomar para brindar mayor apoyo a la salud mental de este segmento de la población?
Se debe pensar en políticas públicas que apunten a una educación sexual que cruce género, identidad y conducta sexual, con el fin de disminuir el riesgo de transmisión, que llegue a toda la población, niños, jóvenes, adultos y ancianos, respetando en ellos su ciclos vitales, pero no excluirlos de algo que es tan propio del ser humano como la sexualidad.
Comprender que la pandemia no puede ser exclusivamente atendida desde el modelo biomédico y que se deben considerar los factores psicosociales en su prevención y atención resulta hoy más importante que nunca, ya que el modelo médico logra dar respuesta para bajar la tasa de muertes a través de tratamiento medicamentoso (tratamiento Anti-retroviral), no así a la ‘muerte social’ que conlleva el vivir con el VIH y la transmisión del mismo.
– ¿Entenderlo como un fenómeno social?
En las futuras campañas no se debe continuar con mensajes parcializados que sólo contribuyen a que las personas sigan asociando la prevención del VIH solamente a la idea del uso del preservativo, desconociendo su propia vulnerabilidad y situando el riesgo en grupos específicos. Es importante deshomosexualizar el fenómeno, ya que otros grupos quedan completamente invisibilizados: mujeres, embarazadas, niños, entre otros.
¿Hacia dónde dirigir los esfuerzos?
El esfuerzo debe apuntar a conocer a los receptores de la información que se quiera entregar y así, iniciar un diálogo que continúe más allá de un eslogan publicitario aislado en el tiempo, que busca la detección más que la prevención, entregado por un medio de comunicación a una masa de personas entendidas como homogéneas.
Frente a una temática compleja se requiere entregar no sólo información estadística y técnica, sino también vivencias, sentimientos y procesos personales de maduración.
Esto abre un camino hacia el acercamiento a las comunidades desde personas capacitadas, siendo fundamental capacitar a los trabajadores de la salud y a los profesores de colegios en esta área, ya que hay nula formación descrita en sus currículos académicos.
En resumen, el mensaje masivo sólo sirve para introducir a la población al tema y es insuficiente por sí mismo. Debe ser complementado por un acompañamiento cercano desde el trabajo participativo en las diferentes comunidades afectadas por esta epidemia, es decir, todas las personas que forman parte del país.
¿Cuál debería ser el rol de psicólogo?
Se debe pensar que tanto las campañas de comunicación social, como la promulgación de la ley 19.779, repercuten no sólo en las personas viviendo con VIH, sino en la población general. Es importante entonces, repensar el rol del psicólogo frente a esta temática, se debe pasar de un ente evaluador empapado de juicios a un sujeto que acompaña y contiene tanto a la persona que vive con el VIH como a las redes primarias de apoyo que sostienen el día a día.