
Hoy se habla también sobre inteligencia emocional, una de esas facetas humanas que nos afectan en todos los ámbitos de la vida.
La inteligencia emocional puede definirse como nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones de manera adaptativa tanto a la hora de tomar decisiones como cuando necesitamos relacionarnos con los demás o regular nuestros estados afectivos.
Este tipo de inteligencia es difícil de medir y es difícil aislar los resultados de una buena inteligencia emocional, considerando que todas las personas son más o menos capaces de gestionar sus emociones por igual o que, por el contrario, estas habilidades están codificadas en los genes y no se pueden modificar con la experiencia.
Sin embargo, la inteligencia emocional sí es algo que se puede mejorar con el tiempo, ya que es una de las muchas caras del aprendizaje y el potencial humano.
Estos puntos pueden servir para entrenar la gestión de las emociones.
– No perseguir sólo las recompensas a corto plazo
Las personas emocionalmente inteligentes son capaces de no dejarse gobernar por la proximidad inmediata de una recompensa que a largo plazo no resulta beneficiosa.
– Reconocer sus propias emociones
Es necesario relacionar las emociones con su origen u orígenes, es decir, los factores principales que han hecho aparecer un estado emocional, sea positivo o negativo.
– La importancia del discurso interior
No se limitan a interpretar sus experiencias de manera automática, tal y como se les presentan, sino que ponen esfuerzos por construir una interpretación útil de estas vivencias que les ayude a dirigir sus objetivos hacia una meta útil y mantener un estado emocional que no juegue en su contra.
– Mostrar buenas capacidades empáticas
Son capaces de conectar afectivamente con otras personas de manera rápida y con poca información. Esto las hace más proclives a establecer un diálogo constructivo.
– Exteriorizar sus emociones
Tanto en un diálogo en tiempo real como en un escrito (¡independientemente de la calidad literaria de este!). Saben expresar, pues, su estado emocional en cualquiera de los lenguajes posibles.
– Orientan sus acciones y sus pensamientos
Saben de la importancia de los pensamientos hacia una adecuada salud mental y espiritual, y gestionan este punto en su favor.
– Tienden hacia las actitudes positivas
Sin embargo, tampoco se dejan arrastrar por ellas, y saben implícitamente que no hay ningún estado emocional malo de por sí.
– Los valores que rigen sus vidas son positivos y negativos por igual
Valores positivos para no caer en la crítica constante e improductiva, y valores negativos para no negar la realidad y reconocer los problemas cuando los hay. Sus acciones se fundamentan en la dialéctica de estos dos tipos de valores.
– Están motivadas y saben motivar a los demás
Reconocen la importancia de las tareas con significado para las personas. Valoran la necesidad de la motivación intrínseca. Y, más importante todavía: son capaces de mantener motivados a sus compañeros. Tienen alma de líder.
– Consideran al ser humano un ser emocional, no un autómata
Saben de la importancia de los estados afectivos en todas las áreas que tradicionalmente se han creído puramente racionales. Saben que las emociones dan forma a la toma de decisiones, la recuperación de recuerdos, la memorización, etc.
Cabe recordar que, tal y como ocurre en todo aprendizaje, nadie llega a encajar perfectamente en esta descripción y que todo entrenamiento conlleva tiempo y cierto esfuerzo.
FUENTE: https://psicologiaymente.net/psicologia/personas-emocionalmente-inteligentes