
Generalmente, estos suelen ir desapareciendo durante las dos primeras semanas de reincorporación al trabajo y son consecuencia de la vuelta a la rutina, al incremento de tareas y demandas físicas, intelectuales y emocionales, así como a la dificultad de contar con tiempo para uno mismo. En cualquier caso, deberemos ser cautos en cuanto al origen de este síntoma, ya que en algunos casos puede ser un síndrome distinto, consecuencia de un nivel de baja satisfacción con nuestra vida cotidiana, y en donde las vacaciones son una salida o escape en el que nos recuperamos y sentimos verdaderamente felices durante ese tiempo.
El síndrome post-vacacional, se puede definir como el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento.
Este síndrome hace referencia a un estado de malestar genérico, con síntomas tanto psíquicos como físicos, afectando principalmente a personas jóvenes, menores de 45 años. También estos síntomas pueden aparecer en niños ocasionados por la vuelta al colegio, después de las largas vacaciones de verano, aunque en ellos es menos frecuente sobre todo si el niño se encuentra a gusto en el colegio.
Los expertos aconsejan no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar. Se recomienda volver de vacaciones un par de días antes para que la adaptación a la rutina sea más paulatina, empezando a habituarnos nuevamente a los ritmos de sueño y comida.
Una actitud optimista y positiva ayudará también a superar este periodo de adaptación de una forma más rápida y llevadera.
FUENTE
https://elpais.com/elpais/2016/08/30/ciencia/1472544050_497354.html