
¿Cuáles serían los principales síntomas de un síndrome mitómano?
- Tender a mentir constantemente, inventarse o magnificar hechos en beneficio propio
- Simular enfermedades, físicas o mentales, para ser el centro de atención y seguir agrandando sus mentiras.
Suelen ser personas manipuladoras y convincentes que siempre buscan el beneficio propio con sus historias inventadas, es fácil que sean estupendos actores, así que descubrirles no se convierte en tarea fácil. En principio el mitómano, es consciente de sus mentiras, pero es posible que con el tiempo puedan creérselas y llegar al delirio.
¿Por qué mienten?
- Normalmente suelen ser personas con una autoestima muy baja, no se aceptan como son y deciden crean una realidad mejor
- Se siente insatisfecho, necesitan más admiración y amor, de ahí su deseo constante de llamar la atención.
La mitomanía no es una enfermedad en sí, sino un síndrome e incluso un síntoma. Los tipos de personalidad límite en los que los que se puede encontrar rasgos mitómanos son:
- La histriónica, el individuo se dibuja a sí mismo como un héroe o víctima, siendo frecuentes los temas relacionados con la sexualidad (es un seductor o seducido, deseado o violado…) en ocasiones se basan en un recuerdo real que deforman con sus mentiras.
- La sociopática, aparece la mentira para justificar ciertas conductas, ocultar un hecho delictivo o incluso para cometerlo, llegando en ocasiones a crearse una falsa identidad.
- La borderline, mienten para aumentar la autoestima ante sus ojos y ante los demás.
- La narcisista, tienen fantasías donde se ven a si mismos como personas de un éxito ilimitado, gran poder, bellísimos y grandes conquistadores. Esta fantasía la suelen relatar a los demás como si se tratasen de hechos reales
- La inmadura, en este caso habría una dificultad infantil, para distinguir entre fantasía y realidad.
- Síndrome Münchausen, el paciente tiene a provocarse síntomas de diferentes enfermedades físicas, que le llevará a diversas hospitalizaciones e incluso operaciones. Miente constantemente sobre su salud o la de otros.
Podemos encontrarnos mitómanos de dos tipos, los vanidosos que mienten para exagerar tanto sus virtudes como sus actos. Y los perversos, quienes conviven con una cierta agresividad interior que les incita a dañar a otras personas mediante falsas acusaciones, calumnias e incluso cartas anónimas.
Posiblemente el vanidoso sea el más fácil de distinguir, y el menos peligroso, solamente busca sentirse importante y halagado, no quiere crear conflictos con nadie pues lo único que le interesa es que su persona brille con una luz cegadora ante los demás.
El perverso necesita el conflicto, su deporte favorito será jugar con los sentimientos y confidencias de los demás, llegando a crear un verdadero caos a su alrededor con el que disfruta sin remordimiento. En ocasiones se obsesionan tanto con señalar a otros, para que todos sospechen de dicha persona, que sin querer revelan su propio conflicto y naturaleza.
¿Existe tratamiento para el síndrome mitómano?
Es difícil hablar de tratamiento en cuanto es tratado como un síntoma o síndrome en vez de enfermedad en sí. Para abordar este problema, en primer lugar será necesario averiguar qué tipo de trastorno de la personalidad padece el individuo.
Una vez diagnosticado lo más común es iniciar una terapia psicológica y farmacológica (en caso de que otra sintomatología acompañante lo marque como preciso).
Normalmente estas personas no suelen buscar ayuda terapéutica, en ocasiones acuden por otros motivos y es en esos momentos cuando el facultativo, si le es posible, aprovecha para abordar el verdadero problema. Aunque no es raro que un mitómano acuda a los servicios médicos- legales, en busca de un certificado que les salve de las consecuencias de alguna mala conducta, es decir, para protegerse, algunos de estos enfermos no tendrán dificultad en admitir que tienen un grave problema. Sin embargo, en algunos casos, ante el flagrante fracaso de su vida personal (normalmente terminan espantando con sus mentiras a todo aquel que ose acercarse) suelen acudir al terapeuta en busca de respuestas.
Convivir con un mitómano no es nada fácil, pudiendo incluso a llegar arruinar la vida de quienes les rodean con sus mentiras (un mitómano perverso, lo haría sin pestañear).
El inicio de un tratamiento con el mitómano es un trabajo muy delicado y lento. Antes de enfrentar al paciente cara a cara con su problema, se le debe demostrar las consecuencias que está teniendo en su vida, ofrecerle argumentos y opciones ante las dificultades que se le han ido presentando a lo largo de su existencia. Se debe construir en el paciente un nuevo aprendizaje y pensamiento analítico, lo cual conllevará bastante tiempo y paciencia.
Es importante terminar este artículo con un mensaje positivo hacia estos pacientes. Muchos terapeutas aseguran que existen bastantes recursos hoy en día para ayudarles a descubrir esas capacidades propias de las que creen carecer. Para encontrarlas será necesario someterse a un exhaustivo tratamiento psicoterapéutico.
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