Ps. Aída Pardow Saavedra

Coordinadora Área de Psicología Redgesam

Coordinadora Equipo de Esquizofrenia

Hablar de inclusión supone un cambio en el modo como nos relacionamos en el mundo, no basta con crear leyes que promuevan la equidad y la igualdad, es necesario también avanzar en la educación y sensibilización de la sociedad completa.

Cualquier iniciativa que permita la inclusión de personas con discapacidad es bienvenida y supone un avance en una sociedad más justa, donde progresivamente se va instalando la idea de igualdad de oportunidades para todos.
La implementación de la Ley de Inclusión Laboral para Personas con Discapacidad, vendría a modificar la actual en la que había una cabida, no definida numéricamente, pero vinculada con el compromiso con la comunidad, de incorporar a personas con discapacidad en espacios laborales competitivos. Esta, sin embargo, tenía asociado un beneficio tributario para los empleadores que ofrecieran estos puestos laborales.
Por lo tanto, la motivación a la contratación de personas con necesidades especiales, habría sido difusa.

¿Era, un tema de responsabilidad social o simplemente una forma de “presentarse como una empresa inclusiva”, disfrazando la reducción de impuestos?.
He tenido el privilegio de participar activamente en la implementación de la Ley Auge, en lo que concierne al manejo y tratamiento de personas con esquizofrenia, en el ámbito privado.

En lo personal, tengo la convicción que el desarrollo de esta iniciativa que cumple ya mas de 10 años, generará un cambio social. La pesquisa, observación y tratamiento temprano de las personas que tienen esquizofrenia hará, en el mediano y largo plazo un cambio cualitativo en la calidad de vida de estos usuarios y sus familias.

La esquizofrenia, es una condición de salud mental compleja, de curso crónico, que en la mayoría de los casos responde a esquemas farmacológicos antipsicóticos. No basta con la introducción de medicación para “mejorar” a los pacientes. Existe evidencia internacional que la promoción de la recuperación de las funciones sociales, intelectuales y cognitivas, contribuyen significativamente a la posibilidad de recuperación e inclusión. Volver a estudiar, trabajar, retomar la vida y reconstruir es el desafío de las personas con diagnóstico de esquizofrenia.

Hablar de esquizofrenia es hablar de un diagnóstico que está investido de innumerables prejuicios, temores y pre concepciones. Los medios de comunicación “nos hacen” un flaco favor cuando ponen en primera plana aquella noticia que tienen por protagonista a una persona con diagnóstico de esquizofrenia. Esto refuerza y profundiza la idea que tener esquizofrenia es “lo peor que nos podría pasa” (Cita textual de familiares de usuario de GES 15).

Ninguna noticia aparece de aquellos jóvenes que han sido capaces de sobreponerse, tanto a los síntomas, a los efectos secundarios de los fármacos, a la angustia de retomar su vida. A muchos me ha tocado acompañar en la reinserción escolar, “volver a su colegio”, retomar sus redes sociales y actividades habituales. ¡¡Esos, no salen en las noticias!!

Tengo que decir, que aunque los noticieros quedan en falta, pienso que quizás es mejor así. Somos una sociedad que no está preparada para ver a nuestro vecino o compañero en las noticias “hablando de esquizofrenia” sin que esto no tenga consecuencias sociales de discriminación. En el mejor de los casos, una “discriminación positiva” en donde le daremos a esa persona un trato especial y quizás paternalista…en el peor, un trato distante y vejatorio. Opera, aquí, el temor y el desconocimiento.

Nos queda un camino largo y sinuoso por recorrer, educar a la población, en esta condición de salud mental como en otras condiciones de salud física o cognitiva que afectan a alrededor del 20% de nuestra población.

Nos queda sensibilizarnos y respetar al otro, apreciar las diferencias e incorporarlas a nuestra vida, sin que sean singularidades, sino que formen parte de nuestra cotidianeidad. Nos queda entender que tener una discapacidad impone más esfuerzo, sin duda, sobre todo en una sociedad que no tiene habilitados los espacios públicos, no tiene conciencia de cómo es vivir con necesidades especiales.

Queda quizás lo más importante. Que las personas que padecen condiciones de salud mental discapacitantes puedan verse a si mismas como parte activa de la sociedad, ¡¡No una carga…no un beneficiario!!

Dentro de los infinitos matices que tiene esto de la discapacidad psíquica y física, es necesario considerar que para acceder a “beneficios” supone tener un carnet de discapacidad emitido por la SENADIS.

Concebirse a si mismo como “un discapacitado con carnet”, es también un paso personal y profundo. Significa asumir la diferencia e integrarla, “desestigmatizarnos a nosotros mismos”. Debería significar que las personas con discapacidad son reconocidas y aceptadas en su diferencia; sin embargo, el personal de salud, muchas veces asiste a la progresiva autoexclusión del paciente. El carnet de discapacidad a veces es como una “visación” para la inactividad, que además tiene asignada una pequeña pensión.
¡¡Si tener carnet de discapacidad supone abrir puertas!!, bienvenido sea, si tenerlo supone la inactividad y la pasividad, habría que pensarlo de manera distinta. Aunque no tengo experiencia en discapacidad física, puedo imaginar que la inactividad, al igual que en la esquizofrenia, solo profundiza y agrava la condición de base.
¡¡Entonces, a retomar el tema!!

Que por ley ahora las empresas de más de 100 personas deban asignar un cupo laboral para personas con discapacidad, es sin duda una buena noticia.
Pero como lidiamos entonces con la ambivalencia de tener el carnet de discapacidad con la inclusión laboral acorde con la nueva ley…¿no es en si mismo estigmatizante?

¿Porqué las personas con discapacidad no pueden participar en concursos públicos y privados, sin que la discapacidad sea un tema? ¿Porqué hay que garantizarles un cupo de 100?.
Avanzar en la inclusión sería no discriminar por credo, orientación sexual, color de piel o discapacidad. Si como postulante la persona tiene las condiciones para desempeñarse en el cargo, ¿porque necesita un carnet de entrada?

Pero bueno, esa es la realidad. ¡Es mejor que nada! Ahora, habrá que tomar conciencia.
El concepto de “recovery”, traducido al castellano, sin recoger matices de la palabra en inglés, significa “recuperación”. La “recuperación” es el objetivo del manejo actual de las condiciones de Salud Mental.
Las cuatro dimensiones principales son el pilar de una vida en recuperación.

Salud: tome decisiones informadas y saludables que contribuyan con el bienestar físico y emocional.

Hogar: tenga un lugar estable y seguro donde vivir.

Propósito: participe en actividades diarias que tengan sentido, como trabajar o estudiar, ofrecerse como voluntario, cuidar de su familia o ser creativo. Trabaje para lograr su independencia, tener ingresos y recursos para participar en la sociedad.

Comunidad: construya relaciones y redes sociales que le brinden apoyo.

Si la nueva Ley de Inclusión Laboral para Personas con Discapacidad, contribuye a esto….¡¡¡Bienvenida sea!!! El trabajo, es en sí mismo, una de las mejores y más concretas formas de recuperación.
¿Estamos listos?…quizás no, pero los cambios iniciados, prometen algo distinto y los usuarios, sus familias, los gestores de salud, las empresas, la comunidad, la sociedad, el país completo ¡¡¡deberemos trabajar para lograrlo!!!

Ps. Aída Pardow Saavedra

Coordinadora Área de Psicología Redgesam

Coordinadora Equipo de Esquizofrenia