
El trastorno afectivo (depresiones leves hasta de grado medio) es una de las enfermedades más habituales. Especialmente conocida es la depresión invernal, que se presenta durante los meses de otoño e invierno. Hay muchos síntomas que ponen de manifiesto estos trastornos afectivos. Los pacientes están abatidos, desanimados, cansados y a menudo sienten un especial apetito por los dulces. Este estado de ánimo, si es prolongado, influye negativamente en el humor de los pacientes. Los pacientes ven como los contactos sociales empiezan a limitarse y se entra en un círculo vicioso en el que el afectado se siente cada vez más solo y sin ilusión por realizar actividades y aficiones. Es posible que el paciente manifieste molestias físicas sin una causa orgánica, como por ejemplo, dolor de cabeza o problemas estomacales o intestinales, que pueden ser indicios de una depresión invernal.
Las posibles causas para un trastorno afectivo estacional son numerosas. El estrés permanente o algún incidente grave, por ejemplo, pueden ser causas de un trastorno de este tipo. En el caso de la depresión invernal, la escasez de luz en los meses de otoño e invierno suelen ser agentes causantes, que desequilibran las hormonas y los neurotransmisores del cerebro.
Los trastornos afectivos como la depresión invernal pueden evitarse. Realizar ejercicio o actividades al aire libre permite aprovechar las horas de luz y producir la hormona “de la felicidad” o serotonina, que mitiga el estado depresivo.
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