Respecto a la reciente decisión de la Organización Mundial de la Salud de incluir el comportamiento sexual compulsivo como un desorden mental, los expertos afirman que “las alarmas saltan cuando se esfuma el placer y aparece la ansiedad”.

Todo lo que genera placer es susceptible de generar un comportamiento compulsivo, adictivo. Ha sucedido siempre con las drogas, el alcohol o el tabaco y el sexo también lo genera. Hay personas más libidinosas que otras y ser más o menos capaces de controlar el impulso sexual es algo que concierne a cada uno. Pero ¿dónde termina el vicio y empieza el trastorno?

El trastorno comienza cuando ya no es el placer sexual el motor que conduce a la persona a repetir la conducta, sino evitar el displacer. Cuando le produce un intenso sufrimiento, ansiedad, angustia. Cuando su vida empieza a verse afectada porque su comportamiento sexual compulsivo se convierte en prioridad.

Este trastorno se define como un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos.

“La importancia de reconocer este problema como un desorden de salud es la posibilidad de que aquellos que han dejado de disfrutar el sexo y han pasado a sufrirlo, pidan ayuda”, dice la psiquiatra y experta en neuropsiquiatría, Lola Morón.

“Aunque no nos guste etiquetar a nuestros pacientes, los profesionales de la salud mental tenemos que poner nombre a aquello que es potencialmente peligroso o que genera sufrimiento a la persona o a su entorno. Y una persona adicta al sexo puede destrozar su vida”, agrega.

https://elpais.com/elpais/2018/09/11/eps/1536681793_507899.html