Distintos estudios han constatado el efecto negativo que el sobreendeudamiento puede tener sobre la salud de las personas al aumentar los niveles de ansiedad, estrés financiero y estigma social. Entre estos efectos se encuentran algunos problemas de salud mental como un mayor consumo de alcohol y drogas, presencia de síntomas depresivos y comportamientos suicidas.

En Chile existen algunos estudios que han abordado la relación entre deuda y salud mental. Dos estudios realizados por Hojman, Miranda y Ruiz-Tagle han mostrado una mayor presencia de síntomas depresivos en personas con estados persistentes de sobreendeudamiento. Asimismo, estos investigadores han demostrado que la disminución del nivel de deuda a lo largo del tiempo se asocia a una disminución de los síntomas depresivos.

Por otro lado, a partir de datos recolectados durante el 2011, un estudio de Orchard y Jiménez muestra la existencia de una asociación significativa entre endeudamiento y síntomas depresivos, particularmente con la percepción de no poder pagar las deudas. Sin embargo, en este mismo estudio el endeudamiento no parecía estar asociado al malestar social entendido como desconfianza frente a las instituciones y evaluación negativa de las oportunidades entregadas por el país.

Pocos días antes del estallido social, el Banco Central informó que el endeudamiento de los hogares alcanzó un máximo histórico en el 2018, representando el 73% de sus ingresos disponibles anuales. Actualmente 11 millones de chilenos mantienen deudas financieras y el 34% de los mayores de 18 años (4,6 millones de personas) registra deuda morosa. En otras palabras, uno de cada tres chilenos no ha podido cumplir con sus compromisos financieros.

La deuda va más rápido que la vida y la economía doméstica de los chilenos se sostiene cada vez más sobre el endeudamiento.

Una parte de este endeudamiento está asociado con los bajos salarios. Según estimaciones de la Fundación Sol, 50% de los trabajadores y trabajadoras en Chile gana un aproximado de $400.000 o menos. Un reciente sondeo realizado por Metlife y Criteria Research muestra que el 85% de las personas pertenecientes a las clases medias estima que el ingreso familiar no les alcanza o les alcanza justo para vivir. En un escenario de salarios bajos o inestables, muchas familias deben endeudarse para responder a sus gastos cotidianos.

Otra parte de este endeudamiento se explica por la creciente “democratización” del crédito. Desde los años ’90, en Chile se ha producido un incremento acelerado del acceso a créditos de consumo, especialmente en los hogares de ingresos medios y medios-bajos. Esto ha significado que segmentos de la población previamente excluidos de muchas formas de crédito ahora tengan más oportunidades de acumular deuda.

Sin duda que una mayor disponibilidad de crédito implica beneficios en términos de democratizar el acceso a bienes de consumo, posibilitar una mayor inversión en educación o disponer de mayor liquidez de capital para emprender un negocio. En este sentido, el crédito puede funcionar como un vehículo para alcanzar cierto estatus social o producir un efecto de integración simbólica. Sin embargo, para las personas de ingresos bajos y medio-bajos, el acceso a crédito se produce principalmente por la vía de crédito no bancario, es decir, de crédito proveído por empresas del retail, supermercados, cadenas de farmacia, entre otros. El crédito del retail se asocia a altas tasas de interés, menor regulación y menor acceso a información financiera, lo que redunda en mayores niveles de sobreendeudamiento. De hecho, la industria del retail financiero es uno de los sectores de la economía que concentra la mayor cantidad de reclamos por vulneraciones.

Según el sondeo de Metlife-Criteria, el endeudamiento representa una de las principales fuentes de frustración para las clases medias. ¿Cuáles son las posibles consecuencias psicosociales de esta realidad?

El sobreendeudamiento parece ser una tendencia subterránea asociada al terremoto social que vivimos actualmente. A partir de las protestas del 2011, cuando las deudas del CAE sacaron a miles de personas a la calle, algunos diagnósticos sociológicos han asociado el malestar social a la dinámica de la deuda. Sin embargo, las personas pueden entender, vivir y procesar de distinto modo la experiencia de la deuda, y recurrir a estrategias diversas para sobrellevar su malestar en función de sus recursos subjetivos, materiales y simbólicos. Mientras algunos sectores de la población dirigen su malestar hacia la sociedad o la política, otros tienden a interiorizarlo en el ámbito privado bajo la forma de insatisfacción o de un sentimiento constante de fracaso personal.

https://ciperchile.cl/2019/12/05/sobreendeudados-y-deprimidos-salud-mental-en-un-pais-con-46-millones-de-morosos/